Cuál es la verdadera grandeza?

Estando en selección Colombia logre vivir en carne propia lo que verdaderamente significa ser una mujer futbolista en mi país. El  día que salió el programa de Séptimo día, en el que entrevistaron a Yoreli Rincón y a Laicy Santos; ellas y el resto del equipo nos  encontrábamos cenando en un hotel de Bogotá, después de un largo día de entrenamiento en la fase preparatoria para el Mundial de Canadá 2015. Todas estábamos entusiasmadas por ver el programa, tanto así, que habían puesto un video beam para poder verlo juntas. Durante el programa muchas de ellas estuvieron en silencio, por el hecho de que por fin alguna de nosotras saliera a contar la realidad. En cuanto a mi, quede sorprendida al ver la valentía que habían tenido al hacer lo que hicieron mis dos compañeras en el programa. Esa noche me sentí aun más orgullosa de ser futbolista, sabiendo del gran esfuerzo y ganas que debemos tener para llegar simplemente a patear un balón, siendo mujeres en nuestro país.

Durante la concentración, mi compañera de cuarto fue Yineth Varón, quien aparte de ser una excelente arquera, es egresada de la escuela nacional del deporte, tiene dos trabajos, es mamá de una niña hermosa quien se siente inmensamente orgullosa de tener una mama futbolista, y además cuenta con un esposo increíble, quien ha estado a su lado en todo tipo de situaciones y la apoya mas que nadie en este mundo.

Durante nuestras horas de descanso entre entrenamientos mi plan era estudiar (complete el  semestre a distancia). Hubo días en los que solo quería dormir para recuperarme  y así estar al ciento por ciento para el siguiente día. Quería simplemente no pensar mas en estudios, porque el estar preocupada por los trabajos que debía entregar antes de media noche, o del examen final que tenia que presentar justo durante horas de trabajo en el campo, era desgastante. Había momentos en los que toda esa presión hacia que pasara por mi mente la idea irracional de dejar el estudio; sin embargo, era solo eso, ya que justo en ese estado alterado, producto de la carga del día a día, surgía en lo mas profundo de mi una voz tenue, que poco a poco resonaba con mas fuerza en mi cabeza y me hacia recordar la importancia del estudio en la vida de toda persona, y mas aun estando becada.

Aunque Yineth y yo estuviéramos compitiendo por el mismo lugar, ella intentaba ayudarme para que pudiera cumplir con todas mis obligaciones. Por ejemplo, me decía que no apagara la luz mientras ella dormía, para que yo pudiera seguir estudiando; aunque habían noches en las que ya era muy tarde y me daba pena, así que apagaba la luz, me encerraba en el baño  y terminaba de hacer lo que me faltaba sentada en el piso y usando el inodoro de escritorio. Pero esa experiencia en el baño fue bastante peculiar, ya que nunca me había imaginado en esas y mucho menos que me fuese a traer algunos beneficios. Por ejemplo al sentarme frente al inodoro debía mantener la espalda recta y por ende me ayudaba a fortalecer los músculos de la espalda. Por otro lado, tenia que apoyar el computador sobre la tapa del baño, obligándome a poner los libros y papeles sobre el poco espacio restante en el piso; como la tapa del inodoro era cóncava, el computador quedaba tambaleando al borde del abismo entre el inodoro y el piso, situación que puso a prueba mis reflejos varias veces, pero que sin duda alguna ayudo a mejor mi velocidad de reacción y ni que decir de la coordinación manual requerida para escribir en un computador que se mueve sin cesar.

Todas mis compañeras, a parte de tener que responder por otras cosas en su vida, daban lo mejor de si en cada balón, en cada entrenamiento. A pesar de estar lejos de nuestros hogares y familias, teníamos claro que habíamos venido con un solo objetivo, y que todo lo que hiciéramos adentro y afuera de la cancha afectaría a todo el equipo. Cuando hablo de equipo, no me refiero únicamente a las niñas con las que juego, sino a cada mujer futbolista, quienes hacemos parte de un solo equipo; un equipo en el que estamos luchando por un mismo fin, el cual llevara a que nuestro fútbol siga creciendo y que juntas logremos abrir nuevas puertas y crear mas oportunidades para las generaciones que vienen.

Con el fútbol femenino aprendí a medir la grandeza de forma diferente. No por cuantas veces una persona sale en televisión, ni por cuantos likes recibe en su cuenta de Instagram, ni mucho menos cuantos millones de seguidores tiene en su cuenta de Twitter; sino por algo verdaderamente grande. Ver como sin titubear en ningún instante, ignorando el miedo que se siente por tener que irse en contra del mundo, solo por jugar; y como las criticas abundan sin cesar; además, del hecho de que existen personas que creen que nosotras como deportistas y mujeres futbolistas no cumplimos con las expectativas del ser mujer en esta sociedad. Pues en mi opinión, si las cumplimos!  esa entrega incondicional, esa pasión real y ese coraje ilimitado, pero, por encima de todo, ver cuan grande y valioso es el aporte de cada una de estas mujeres en el futbol, para mí es algo que no tiene precio y son precisamente todas esas cosas, la esencia fundamental de nuestra verdadera grandeza.

#AbrazoDeAtajada

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