“No estamos listos” se quedó corto

Cuando decidí subir la foto con la bandera de la comunidad LGTBI+ a mis redes sociales, no esperaba que fuera a tener ese impacto, tan negativo.  Varias personas me hicieron el reclamo, incluyendo personas muy cercanas a mi, porque creían que quizás, me iba a meter en problemas, que la gente iba a tener una percepción diferente hacia mi (como si ya no creyeran que soy homosexual, pero eso para mi no es una ofensa)… mejor dicho, todo tipo de razones. Honestamente lo entiendo y respeto, pero claramente no lo comparto. 

Durante mi proceso de madurar, moldear e ir forjando mi identidad, mis valores y pilares comencé a entrar en un constante debate entre, hasta que punto quiero “jugar” con las reglas de la sociedad, hasta qué punto sigo alineada con los de mi de familia y aún más difícil, hasta donde estoy dispuesta a sacrificar cosas importantes en mi vida por lo que creo que esta bien. Esto último lo vivo a diario con la lucha por el fútbol femenino, porque que soy muy consciente de que ir en contra de ciertas personas puede costar mi prematura carrera futbolística.  

Me gusta lo que me hace pensar, sentir, porque me permite ver la realidad de otras formas y se convierten en nuevas herramientas para mi. Sin embargo, no puedo negarte que el tema de mi total apoyo a la comunidad LGTBI+ ha sido un caso bastante especial. 

 Cuando comencé a recibir tantos mensajes negativos y a tener conversaciones conflictivas por la foto subida, me entró la duda de que quizás sí me había equivocado. Sin joder, miré la foto más de 100 veces para ver si de pronto había pasado por alto algún detalle irrespetuoso o irresponsable, pero no lograba encontrarlo. Llamemos eso el síndrome de creer que tu eres el problema (normal cuando sueles ir contra la corriente). Luego pensé, si yo dudé de mi toma de decisión por subir una foto, ahora cómo se sentirá creer que gran parte de tu identidad está “mal”. Ahora más que nunca, me les quito el sombrero y aplaudo de pie, a las personas que tiene el enorme valor de ser sí mismas y salen del closet. 

Ahora bien, la discriminación viene en muchas formas y medidas. Por desgracia, parecemos quedarnos en las superficiales incapaces de ver más allá del daño que hacen. Se vuelve aún más absurdo cuando se debe enfrentar la realidad de que la razón por la cual no se invierte en el fútbol, la razón que impide su progresión recae en la identidad y principios de quienes ejercemos esta profesión. 

 Quienes lo critican, quienes insultan parecen vivir en un ilusorio mundo estático. Donde, piensan que el sus comentarios destructivos no afectarán a las próximas generaciones.

La frase que “somos un país tercermundista” ya no es argumento válido para mi. Por otra parte, la homofobia, el racismo, machismo es reflejo de lo superficial que es nuestra manera de analizar, lo cual es producto de lo complejo que es el comportamiento humano.

 

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